jueves, 30 de agosto de 2012

LA ESTUPIDEZ ENGAÑOSA

Dicen que necesitas dinero. Lo único que necesitas es tener al cuerpo físico a gustito. Come, bebe y caga. El follar es aleatorio, pues como la canción que ya estaba escrita, también amor.
Solo con el amor, los políticos no se venderían. Ni a los médicos en sus hospitales, les haría falta para operar a alguien. Ni en las casas necesitaríamos luz, teniendo abejas para fabricar cera, ni calefacción para el invierno, pues los arboles, se podan. Y las comidas se hacen con fuego y brasas.
Pero cuando se inventaron las religiones, se inventaron a un dios, para dar miedo, y así se hicieron con el poder los que querían pasar sobre cada persona para mandarla.
Así que seguimos en esa estupidez, aunque en Occidente a la religión la cambiaron por políticos.
Ahora son dueños del planeta

7 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

Debíamos de usar todas nuestras fuerzas para acabar con ellos en lugar de estar acabando con el mundo.

Roberto Esmoris Lara dijo...

PERO LA PUTA MADRE(© Todos los derechos reservados), DÓNDE COÑO TE HABÍAS METIDO, GENIOOOOO.
uN ABRAZO MUY GRANDE, HERMNO, DESDE MAR DEL TUYÚ

HATOROS dijo...

ASÍ ES AMIGAQUERIDA ABARAZOS.
JODER ROBERTO DEBO IR A LEERTE PORQUE NO SOY UNGENIO ESO LO ERES TÚ. ABARAZOS RECIBIDOS Y COMPARTIDOS.

lidialaescriba dijo...

hay mas estupidos, que analfabetos.la estupidez humana, es verdadera!
lidia-la escriba

pd:blog nuevo

www.nuncajamassehabla.blogspot.com

cami cartular dijo...

No entendiste mi entrada, no quise decir que ustedes lo tenían que hacer, sino algo que me repito a mi misma. Whatever man.

Oz dijo...

Hola, nos tienes acostumbrados a excelentes posts, este no es la excepción.
Completo e interesante como el blog. Felicitaciones y saludos desde:
http://leyendas-de-oriente.blogspot.com/

PAJERO DETURNO dijo...

VENTE A HACERTE UN PAJOTE
pajerodeguardia.blogspot.com

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LA PIEDRA

Cuando llegué a casa de Alberto, me dijo que le acompañara, porque la vecina palmó y, tenía que ver si se había cerrado el gas y el agua. La casa olía a soledad, a rancio de persona mayor, y en la silla donde se sentaba, a muerto, pues en esa, la encontró la muerte. Alberto me dijo que estaba sola, nadie de familia, pues igual que tú, dije, que aunque tengas a tu hija, te amenazó con irse si no le dabas dinero, y por eso la mandaste a tomar por culo. Mira si quieres algo, porque el nuevo dueño vendrá y tirará todo, pintará la casa, pondrá muebles nuevos y la alquilará. Alberto abrió los cajones y miramos en ellos. Voy a llevarme esta caja con estos libros, las imágenes de las vírgenes y la piedra, le dije. Pues invítate a una caña, añadí, porque estoy tieso; eso está hecho, dijo Alberto, y le lié un cigarrillo para él y otro para mí. La piedra la puse encima de la valla del jardín y me olvidé de ella; las vírgenes por toda la casa. Fue al hacer el huerto, cuando volví a ver la piedra, por un lado cuarzo rojo, por el otro, pegado a él, una especie de grabado en piedra, parecido a celdillas. Me fumé un canuto y con los humos, descubrí de donde salía la piedra. En el monasterio de Fuentes, abandonado tiempos ha, pegado a la pared más alta del Pirineo aragonés, habitaban cinco monjes. Ahora eremitas, que, cortándose las lenguas para jamás volver a hablar, llegaron allá para expiar sus culpas, penas dolorosas por matar al pueblo de Ics, ordenado por sus superiores. Dedicaban sus vidas a orar, cultivaban la tierra cercana al río Escrito, y aliviaban las penas de los aldeanos, que llegaban en ocasiones, para que salvaran la vida de algún niño, presa de fuertes fiebres, atender algún brazo o pierna rotos, y en general atender a los necesitados. Nadie sabía sus nombres, y poco a poco se fue creando una aldea junto al monasterio. Cosa que se supo de inmediato en el castillo del marqués, pues dejaba de ingresar sus diezmos, y sus campos dejaron de ararse. Así que envió a sus treinta mejores hombres, para traer a todos los que allí vivían. Los que no quieran venir les arrancáis las orejas, ordenó. Poco antes de que llegaran, los aldeanos lo supieron y les dijeron a los monjes: como siempre, el poder debe mandar y el pobre obedecer, y si no tienes na, buena sea la muerte. Se reunieron los cien aldeanos dentro del monasterio y con la ayuda de los monjes…Sobre los arboles unas redes, sobre la senda, unas fosas. Los guerreros del marqués, confiaban en que sería sencillo, más cayeron en las trampas y despojados de sus armas y caballos, los encadenaron en el monasterio. Lo que ocurrió después ya se sabe, el marqués llamó al duque, coleguilla de pernadas, y juntando un ejército, arrasaron el monasterio, y tras enormes pérdidas de hombres, mataron a los monjes, les cortaron las orejas a los hombres, y a las mujeres las violaron y, una de ellas, presa de dolor, arrancó la piedra que aquí veis, y de padres a hijos, llegó a las manos de la vecina, que murió junto a la casa de Alberto y, la piedra, no tiene poderes, ni falta que hace, porque es bonita y me gusta mirarla. Y como todo, fin.